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Brig. Faria Lima, 2639 - 8° |
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Prueba de conocimiento de Español
Para hacer la traducción del texto, al final de la página encontrará un espacio para
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Había
una vez una niña que fue a pasear al bosque.
De repente se acordó de que no le había comprado ningún regalo a su
abuelita.
Pasó por un parque y arrancó unos lindos pimpollos rojos. Cuando llegó al
bosque vio una carpa entre los árboles y alrededor unos cachorros de león
comiendo carne. El corazón le empezó a latir muy fuerte. En cuanto pasó,
los leones se pararon y empezaron a caminar atrás de ella. Buscó algún
sitio para refugiarse y no lo encontró. Eso le pareció espantoso. A lo lejos
vio un bulto que se movía y pensó que había alguien que la podría ayudar.
Cuando se acercó vio un oso de espalda. Se quedó en silencio un rato hasta
que el oso desapareció y luego, como la noche llegaba, se decidió a
prender fuego para cocinar un pastel de berro que sacó del bolso. Empezó a
preparar el estofado y lavó también unas ciruelas. De repente apareció un
hombre pelado con el saco lleno de polvo que le dijo si podía compartir la
cena con él. La niña, aunque muy asustada, le preguntó su apellido. Él le
respondió que su apellido era Gutiérrez, pero que era más conocido por el
sobrenombre Pepe.
El
señor le dijo que la salsa del estofado estaba exquisita aunque un poco
salada. El hombre le dio un vaso de vino y cuando ella se enderezó se sintió
un poco mareada.
El
señor Gutiérrez, al verla borracha, se ofreció a llevarla hasta
la casa de su abuela. Ella se peinó su largo pelo y, agarrados del brazo, se
fueron rumbo a la casita del bosque. Mientras
caminaban vieron unas huellas que parecían de zorro que iban en dirección al
sótano de la casa. El olor de una rica salsa llegaba hasta la puerta. Al
entrar tuvieron una mala impresión: la abuelita, de espalda, estaba borrando
algo en una hoja, sentada frente al escritorio. Con espanto vieron que bajo su
saco asomaba una cola peluda. El hombre agarró una escoba y le pegó a la
presunta abuela partiéndole una muela. La niña, al verse engañada por el
lobo, quiso desquitarse aplicándole distintos golpes. Entre
tanto, la abuela que estaba amordazada, empezó a golpear la tapa del sótano
para que la sacaran de allí. Al descubrir de dónde venían los golpes,
consiguieron unas tenazas para poder abrir el cerrojo que estaba todo
herrumbrado. Cuando la abuela salió, con la ropa toda sucia de polvo,
llamaron a los guardas del bosque para contar todo lo que había sucedido. M. Eulalia A.Bartaburu – Guillermo Alves de
Oliveyra. Para hacer la prueba de gramática, haga un clic aquí.
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